domingo, mayo 10, 2009

Y otra más de Jaime Durán Barba

Esta fue una entrevista que le hicieron en Perfil pocos días después del triunfo de Macri. Es una entrevista kilométrica, y la podé bastante.

Reportaje a Jaime Duran Barba

Fue el artífice del triunfo de Macri-Michetti. Algunos políticos y la mayoría de los publicistas –sus competidores– lo acusan de chanta. Para muchos otros es el mayor gurú de la política hispanoamericana. Lo que es indudable es que se trata de una de las personas intelectualmente más formadas de la política. Con cuatro títulos universitarios –doctorado en Derecho, maestría en Sociología, licenciatura en Filosofía Escolástica y doctorado en Historia– se define a sí mismo como lo hacía Foulcaut: “Aspiro a ser un arqueólogo del saber”. Otro extenso reportaje del director de PERFIL.

Por Jorge Fontevecchia

“EL TIPO DEL CANDIDATO ideal para vencer a Kirchner es el de Macri: joven, fuera de los esquemas.”

—¿Se dio cuenta Kirchner de que criticando a Macri iba por mal camino y por eso dejó de hacerlo?

—La irrupción del Presidente en la campaña local produjo una caída en las encuestas no sólo del candidato Filmus sino también de la imagen del Presidente. Ellos manejan muchas encuestas y creo que se percataron y corrigieron muy rápidamente sus equivocaciones.

—Usted sostuvo que esta campaña no cumplió con ninguno de los rituales de la política usados hasta la década anterior: no hubo manifestación, concentración ni caravana, ni estandartes, ni bombos, ni personas que aplaudan al candidato, ni tampoco los candidatos pronunciaron nunca un discurso a la vieja usanza, con gente en el Luna Park, por ejemplo. Fueron a los barrios y conversaron con la gente. ¿Por qué?

—Es la nueva forma de hacer política que se viene. En la antigüedad la vida era tremendamente aburrida, no había mucho que hacer en la casa, no había oferta de placer. Si uno tenía que aburrirse frente a la radio o no tenía más que dos o tres canales de televisión absolutamente tontos, podía parecer divertido ir a oír a un señor, a un líder como Perón. Ahora la vida es mucho más hermosa, más divertida, mucho más múltiple, y alguien puede ir a ver una manifestación sólo porque le dan un choripán o porque realmente es un fanático del candidato. Esa forma de hacer política ha perdido sentido.

—Usted también ha comentado que ésta ha sido una campaña completamente enmarcada dentro de lo que expone en su último libro con Santiago Nieto. ¿Cuál es ese marco del que habla?

—Con Santiago Nieto tenemos una experiencia de varias décadas haciendo campañas y vemos que a veces pasan de la vieja política a la banalidad. Cambiamos el pensar la política con el asesor de imagen que le dice al candidato que se ponga corbata roja, que se corte los bigotes; o el publicista que descubre lo que todos descubren. Eso no es innovar la política. La innovación consiste en que cambió el centro de gravedad de la política: lo importante es la gente común, se produjo la revolución de las masas, de lo que habló Ortega y Gasset. Ahora es la gente común la que manda, la que impone sus gustos en todo lo que se consume y en la política. Los líderes son cada vez menos importantes, ahí reside el cambio del centro de gravedad de la política. Pero sigue siendo análisis político y yo no tengo ninguna idea de marketing o de publicidad, ni me interesa. El marketing es a la política lo que la música ambiental es a la música. Se necesita pensar la política como un paradigma innovado, pero siendo consciente de que es política y no marketing.

—¿Qué influencia concreta tiene la posmodernidad en la política actual?

—Total. Cuando hice mis estudios de Filosofía en la Universidad de Cuyo (Mendoza) vivíamos la agonía del viejo paradigma y creíamos en el general Perón y en las marchas de los muchachos peronistas. Era la última parte de los viejos caudillos, de la política de la voz. Ya la TV empezaba a impactar y el rock a cambiar la mente de la gente. Pero ahora la sociedad cambió totalmente, la posmodernidad es un hecho, la revolución de las comunicaciones ha sido descomunal, Internet ha sido la última gran explosión de esa revolución y, desde luego, los celulares. Si se hace política y no se entiende que los jóvenes admiran a los hackers y no a los guerrilleros, no hay posibilidad de hacer política.

—En su libro “Mujer, sexualidad, Internet y política”, usted sostiene que hace décadas los jóvenes militaban en política y la discusión sobre el poder era algo fundamental en sus vidas, mientras hoy la mayoría de los jóvenes odia la política. ¿Por qué?

—Porque ahora lo que quieren es que lo político se ponga al servicio de su vida, de su hedonismo, de su placer. No quieren dar la vida por un ideal. Su ideal es que su vida sea hermosa. Cambiamos de la lucha por la revolución a lo que se llama la búsqueda de La aventura a la vuelta de la esquina (N. de R: título del libro de Pascal Bruckner y Alain Finkielkraut). Del marxismo viejo a una perspectiva anarquista. Finalmente, es más interesante tener una aventura a la vuelta de la esquina que cambiar el mundo. Esa es la postura actual. La juventud que yo viví pensaba lo inverso, o al menos lo decíamos, de hecho no nos movimos.

—¿Odian los jóvenes la política o están desinteresados?

—Están desinteresados de la vieja política, se está empezando a dar ya un remezón en Latinoamérica que tiene expresiones desordenadas. Finalmente (el presidente de Ecuador, Rafael) Correa y Macri tienen bastante que ver. Son dos esquemas distintos: Correa terminó su campaña bailando, cantando, riéndose con la gente. También Alan García cantando valses peruanos alcanzó la segunda vuelta y su reincorporación a la política. Macri es una persona que hizo una campaña inusual, sin caravanas, sin discursos. Hay muchos que expresan el derrumbe de un viejo paradigma que yo creo que nos va a llevar a un relevo generacional en toda Latinoamérica.

—¿El rock sustituyó a la política?

—El rock fue la gran herramienta de comunicación del cambio que se genera en los 70 y fue lo que masificó la protesta de la cual los políticos no se dieron cuenta. A la larga, lo que a nivel mundial hace Black Sabbath o lo que hace Charly García remueve los valores de la sociedad tradicional. Miles de jóvenes fuimos a conciertos de rock en todo el mundo, sentimos el impacto de estas nuevas visiones, que eran las otras revoluciones de los 60, que no eran revoluciones socialistas o masoquistas –aquí perduró más el mensaje de Charly que el de Firmenich–, y no pretendían lo que un autor llamó un inmenso convento simbiótico, refiriéndose a China Popular, un sitio donde todos se aburrían, todos eran iguales, todos eran pobres, en que la vida era un desastre pero no había distancias sociales y el país era bueno porque todos eran pobres. Esa revolución no fructificó, fructificó y echó raíces otra revolución. Revolución que tiene que ver con mayor libertad y donde el placer es el norte de la sociedad.

—¿El rock destruyó el discurso anterior?

—El rock fue una bomba que destruyó la ética de la vieja sociedad y desarmó la lógica del discurso anterior.

—¿Cuba sería la excepción a ese paradigma moderno?

—Cuba es la excepción en la medida en que la mantienen a través de las armas. En cuanto haya elecciones en Cuba, se desatará también la posmodernidad.

—En su libro habla de la agonía de las ideologías pero también del machismo: ¿qué tienen que ver el machismo y la revolución sexual y familiar con la política?

—Aprendemos a obedecer en la familia, aprendemos las normas del juego de la autoridad en la familia, y la familia antigua fue una familia machista en la que había un padre omnipotente, una mujer secundaria e hijos que eran súbditos sin ningún derecho. Los niños creíamos que nuestros padres eran sabios y poderosos. A a ese esquema de socialización en el poder corresponden el general Perón, el doctor José María Velasco Ibarra, el general Lázaro Cárdenas, todos ellos generales, doctores, lejanos, míticos y sobrenaturales. Hoy nos socializamos de otra manera en la familia. Vino una revolución sexual, las mujeres se incorporaron al proceso productivo de mil maneras. Eso tuvo otra serie de consecuencias, pero la principal fue que los niños se criaron en una familia democrática en la que madre y padre comparten poder, en la que los niños dicen, mi nieto me lo dice: “Tenemos poder”. Yo nunca reto a mi nieto y él tiene una frase que se le metió en la cabeza, me dice: “Abuelito, acuérdate, los niños tenemos derechos”. A mí jamás se me hubiera ocurrido decirle eso a mi padre, me echaba por la ventana. Ojo, no estoy criticando la sociedad que yo viví cuando era niño. Fui muy feliz en una familia feudal y con una niñez feudal. Y ahora soy muy feliz con unos nietos –uno de 7 y otro de 2– que me tratan como compañeros de la escuela. Son dos sociedades diversas.

—¿También la autoridad política del líder se redujo?

—Ya no es el general Cárdenas, es Felipe. Ya no es el general Perón, es Kirchner. Los tratan a los presidentes por su apellido o por su nombre, los ven como alguien cercano, como un igual.

—¿Vivimos en una era de imágenes y del ocaso de la palabra?

—Vivimos la era de las imágenes. No creo en el ocaso de la palabra, creo en su agonía, en el sentido que le dio Unamuno: muerte para renacer. La agonía, en ese sentido, es una poda.

—¿Y del ocaso de la voz?

—El ocaso de la voz, sí.

—¿Y de la retórica y del histrionismo?

—Sí, definitivamente sí. Hasta principios del siglo XX era necesario saber leer y escribir para involucrarse en la política. Después de la radio, ¿qué pasó? Fue posible simplemente escuchar y entonces vinieron los líderes de la voz. Algunos de ellos muy antipáticos, como Hitler; otros diversos, como Haya de la Torre, Velazco; pero eso fueron los líderes de la palabra. Recuerdo que cuando era pequeño, en la aburrida sociedad de hace 40 años, la gente se divertía escuchando los debates del Congreso, porque no había nada más divertido que hacer. ¿A alguien se le ocurriría hoy escuchar por radio los debates del Congreso? Ni los congresistas se escuchan, porque ellos también se aburren. En ese sentido sí hay un ocaso de la voz.

—¿El hedonismo, el consumismo y el individualismo del posmodernismo produjo una generación de votantes más egoístas?

—Sí. Es una generación de votantes más egoístas y vamos a una sociedad finalmente anarquista. Vamos hacia una anarquía.

—¿El paroxismo del liberalismo?

—El liberalismo llevado a su máximo extremo: el anarquismo. Es la negación de la autoridad, la negación de la verticalidad.

—¿Qué consecuencias electorales tienen los cambios generacionales sobre la valoración del dinero?

—Marx decía que el dinero era algo con lo que se puede adquirir casi cualquier bien; yo creo que ahora sobra el “casi”. Todo se convierte en dinero. Tuve una experiencia curiosa en un monasterio en Nepal, en la que el monje que nos guiaba a tres occidentales nos hablaba insistentemente de que no hay que tener dinero, de que la riqueza es mala, de que hay que ser acéticos, etcétera y al final a mí me dio resquemor de ofrecerle o no unos dólares por su tiempo, porque nos había ofrecido dos horas de su tiempo para guiarnos al monasterio. Y le digo: “Le entrego estos 20 dólares.” Me dice: “¿Cómo? Si son 50 dólares.” La ambición de tener dinero, aun en los países más recónditos, lo ha inundado todo.

—¿Hay diferencias en todos estos puntos entre los latinoamericanos y los norteamericanos?

—Sí. Norteamérica es mucho más diversa que Latinoamérica. Tiene un origen complejo, a veces de sectas muy fanáticas perseguidas en Europa y por eso hay una Norteamérica profundamente religiosa y muy metida con creencias antiguas. Un estado como Utah no puede ser más conservador. Todos van a ver al pastor. Y hay otra Norteamérica que está en las grandes ciudades, que son sociedades muy liberales. Es un país con esas contradicciones brutales, un moralismo y un conservadurismo gigantesco en la mitad de la población y un liberalismo enorme en la otra mitad. En América latina somos más de sangre caliente y, aunque hemos teorizado menos sobre la libertad, somos más libres. La posmodernidad está impactando mucho más en Latinoamérica que en Norteamérica como conjunto.

—¿Y respecto a los europeos?

—La diferencia es radical. América es un continente de plebeyos. En Europa hubo realeza, Iglesia y terratenientes, y esos fueron los conservadores. Ser conservador en Europa era tener una raíz en una realidad. Hubo liberales que surgieron en las ciudades, los burgueses. Y después hubo obreros que se hicieron socialistas. Tenía sentido ser socialista si se era obrero. Tenía sentido ser liberal si se era burgués. En América latina las ideologías vinieron en el aire. Mi abuelo, don Luis Barba Viteri, fue uno de los fundadores del socialismo con el coronel Juan Manuel Lazo Ascasubi. ¿Qué eran? Aristócratas que se fueron a París, leyeron esos libros, les pareció sensacional y fundaron el Partido Comunista ecuatoriano llevando a patadas a los indígenas de sus haciendas para que griten “viva el proletariado” y ni conocían el castellano.

—¿Cómo define su profesión?

—Mi trabajo es consultor político, soy un analista político. Analizo la política desde una perspectiva práctica y sobre eso doy clases en la Universidad. Es muy importante remarcar que no tengo nada que ver con el marketing. A mí me parece una aberración el marketing político. Es una aberración conceptual: el candidato no se vende, eso es absurdo. El candidato no es un producto, los electores no son consumidores.

—¿Nunca se tentó, ya que se define como analista político, a ser político?

—De muchacho fui político: presidí la Federación de Estudiantes Universitarios, la Escuela de Derecho e hice política hasta los veintipico. Después no, tomé mucha distancia, me fascinó analizar la política. En su momento, Foucault dijo ser un “arqueólogo del saber”. Con la distancia que me separa de este autor, me siento un arqueólogo de la política, me gusta estudiar y analizar las formas en que se produce el poder dentro de la democracia. Tuve la suerte de hacerlo, con igual entusiasmo, en realidades tan diversas como Cayambe, una pequeña ciudad indígena de los Andes en que el frío ha congelado al tiempo; Bahía de Caráquez, puerto tropical y voluptuoso; México, la megalópolis indoamericana en la que se puede encontrar todo lo humano en todos sus extremos, y Buenos Aires, la ciudad más europeizada y con mayor densidad intelectual del continente.

—¿Le aburre ser político y le divierte analizar la política?

—Analizarla me apasiona. El poder y sus ritos no me atraen, no tanto porque me aburren sino porque me parecen un poco cómicos, como el orador más grande del mundo que llega al culminar Las sillas de Ionesco, que cuando trata de hablar al público es mudo. Jamás sería funcionario público. Lo fui dos años en una circunstancia especial. Ecuador estaba en guerra con Perú, el presidente me pidió que fuese jefe de Gabinete con la misión de trabajar para lograr una paz definitiva. Toda guerra me parece idiota, más cuando se da entre hermanos latinoamericanos. Tuve esa función entre 1998 y 2000. El gobierno brasileño me condecoró por mi trabajo en ese tema. Las condecoraciones no me mueven, pero ésa sí la guardo porque tiene que ver con una de las pocas cosas en las que creo: la paz.

—¿Cuáles fueron los candidatos para los que usted trabajó y cómo salieron en esas elecciones?

—Fueron muchísimos. Cuando yo llegué al Ecuador no estaba muy convencido de que la democracia sirviera para algo y menos en encuestas. Aunque estudié eso aquí en la Fundación Bariloche, con Manuel Mora y Araujo. El primer candidato al que asesoramos fue Enrique Ayala Mora, actual rector de la Universidad Andina Simón Bolívar, máximo líder del Partido Socialista ecuatoriano, un amigo mío, muy de izquierda, desconocido en ese entonces por los electores, que se lanzó de candidato a diputado en una provincia para que el partido cumpliera con el requisito de tener candidatos en diez provincias. Yo usé las técnicas que había aprendido acá, lo manejamos casi como un juego: “Veamos qué pasa, qué pasa con la encuesta”. Cuando Enrique salió electo diputado, para sorpresa de él mismo y de todos los otros, empecé a tomar esto en serio y dije: “Parece ser que esto sirve para algo”. Campañas importantes: toda la carrera de Jamil Mahuad. Fue cliente nuestro desde que empezó como una persona desconocida, dos veces alcalde de Quito y después presidente de Ecuador, hombre brillante, inteligente, que siguió mucho las técnicas. Porque el mayor problema con la mayor parte de los políticos es que son difíciles de modernizarse, tan difícil como para un hombre de más de 70 años navegar en la red, hay quienes navegan a esa edad pero es difícil.

—¿Los fracasos se los atribuye a quienes no siguieron sus consejos?

—No, muchas veces yo me equivoqué en el análisis. Venía de una mentalidad muy anticuada y lo que pensaba hace 25 años sobre la política no tiene nada que ver con lo que pienso ahora. Vengo de una formación clásica, tengo una maestría en Sociología, hice un doctorado en Historia, tengo una licenciatura en Filosofía Escolástica y un doctorado en Derecho. Vengo de la tradición, tengo una biblioteca enorme, adoro los libros, teorizo sobre la imagen y todo eso pero nada más hermoso que acariciar un buen libro. Aquí en Argentina el tiempo que tengo libre salgo a librerías de viejo.

—Cuénteme los tres mayores éxitos.

—Además del de Mahuad, que sin duda fue muy importante, yo creo que el mayor de todos es el de Macri en esta elección, porque es una campaña en la cual colaboramos con un candidato que no tenía en su mente los paradigmas de la política vieja. Los políticos viejos están obligados a cumplir con ritos. Y la gobernación de Rafael Reyes en Pichincha fue otro éxito, porque era una persona que empezó con 2% y ganó la elección utilizando técnicas en las que ni él mismo creyó. Fue un juego técnico de laboratorio.

—Cuénteme tres fracasos.

—El más desconcertante fue el de Jaime Nebot en 1996 contra Abdalá Bucaram. Fue insólito. Quien gana/pierde las elecciones siempre es el candidato, los asesores ayudan. En esa campaña hubo mil broncas y problemas. Ganó Bucaram: fue gravísimo para el país y absurdo. Ese fracaso, el más estrepitoso y espantoso, fue atribuible a todos, tanto a Nebot como a nosotros.

—¿Y qué otros fracasos?

—(Piensa) No recuerdo otro fracaso más importante. Sí recuerdo más éxitos como en la elección mexicana de 2003 (comicios intermedios), eso fue un éxito descomunal. O la del actual alcalde de Quito, general Paco Moncayo. Empezamos muy abajo, frente a un empresario muy rico, presidente de un club de fútbol muy popular, y terminamos ganando por la capacidad y disciplina del candidato. Su cierre de campaña fue un festival de juegos pirotécnicos por todo Quito... Otro ejemplo de la nueva política. Moncayo es socialista.

—¿Es común pasar de asesorar en una elección a un partido y en la siguiente al opuesto como en el caso del PRD y el PAN?

—Yo no asesoro a personas de mi ideología. Yo soy un profesional. En Ecuador he asesorado a un candidato y he votado a otro en la misma elección. Pero deseo aclarar que el estatuto de nuestra organización, “Informe Confidencial”, que es una ONG en Ecuador, nos impide asesorar a miembros de dictaduras o personas que han ejercido el poder en gobiernos de facto. Tampoco a partidos que discriminan a minorías. Hemos dado cursos y asesoramiento gratuito a candidatos de minorías.

—Antes dijo que elegía trabajar con gente que le gusta. ¿El gusto es personal y no ideológico?

—Que me interese el tema por algo. Para mí ha sido una experiencia sensacional ver el mundo desde una elección de izquierda en México. El poder tiene sus rituales, por ejemplo, todo en ellos es amarillo: casas amarillas, carteles amarillos, siempre con letras negras. Cuando me han explicado que sus colores amarillos vienen por el sol de los aztecas y el color negro de la bandera anarquista de los hermanos Flores Magón, les tuve que contar que en Ecuador todos los partidos de derecha utilizan el amarillo y el negro, lo cual les sorprendió mucho. Aquí el amarillo es el color del PRO. En México, el PAN usa el celeste, usado aquí por tantos partidos. La mayor parte de las banderas latinoamericanas son celeste y azul por las reminiscencias que les traían de la Casa de Borbón.

—¿Estuvo Macri tentado de responder a los ataques y tuvo que convencerlo para que no lo hiciera?

—La tendencia del político es siempre ir a la bronca, es toro de lidia y tiende a embestir. El papel del consultor es pensar las cosas fríamente y aconsejarle que no entre en la bronca. Macri es una persona con mucha pasión, que se enfurece mucho, pero con gran dominio de sí mismo y sabe oír, lo que no significa que se lo maneje.

—¿En qué medida benefició a Macri que Kirchner lo haya elegido como su contrincante antes de iniciar su campaña?

—Eso le ayudó en la medida en que además no peleó, no aceptó el guante y no entró al duelo. Macri, al ser presentado por el Presidente como su adversario, subía, pero más subía al no ingresar en la pelea de la política tradicional, de la cual la gente está cansada. La gente está bastante cansada de esa política antigua, la de la bronca por la bronca. La gente quiere bronca si se benefician ellas, si es que su vida cotidiana cambia.

—¿El hecho de que el PRO sea un partido nuevo y, por tanto, sin las tradiciones enmarcadas dentro del viejo paradigma de hacer política, le facilitó la aplicación de sus conceptos nuevos?

—Para Santiago Nieto y para mí ha sido muy apasionante la relación con el PRO. Es un partido muy joven, sin tradiciones, sin anquilosamiento en los viejos paradigmas que tiene mucho profesional joven que navega y que pertenece a lo que llamamos el nuevo elector. Esta campaña fue hecha por ellos, por cientos que se metieron y se entusiasmaron y lo tomaron lúdicamente. Esas maratones de propuestas, en realidad, ¿qué son? Son juegos a través de los cuales se comunica una nueva forma política. Lo lúdico se incorpora a la campaña y se incorpora cuando los actores son jóvenes.

—¿Qué otras experiencias adaptó a la campaña de Macri?

—En México los partidos son muy anquilosados, absolutamente formales, y el PAN no puede hacer campaña si no salen las 5.000 banderas y no se canta el himno a los héroes que lucharon en contra de la revolución. Los del PRD, si no se visten de amarillo, se desesperan. En cada país hay tradiciones partidistas muy fuertes. La experiencia de la que aprendí muchísimo fue en la elección de 2005 de Macri: nos topamos con algo que era una especie de partido pero no era partido, no se sienten de derecha, no se sienten de izquierda, estaba fuera del paradigma socialismo-no socialismo con un líder muy especial que es Macri, personaje peculiar vinculado por el fútbol a Boca, una persona con la mente bastante abierta y un liderazgo muy posmoderno, que no da discursos, que no le gusta subirse a un podium y que quiere vincularse horizontalmente con la gente. Así se podía trabajar mucho en estas líneas modernas de la política. La experiencia de 2005 fue apasionante: cuando se inició la campaña, la idea era salir segundos, detrás de Lilita. Cuando hubo un triunfo contundente sobre Lilita y sobre Rafael Bielsa, se vio que nuestra teoría funcionaba. Y en esta ocasión repetimos la misma estrategia, mucho más depurada porque esta vez casi no hubo más que el candidato y la candidata, porque Gabriela Michetti sin duda aportó votos. Aquí pudimos aplicar totalmente el libro al que hice referencia.

—¿Lo aplicó recién acá?

—No, veníamos con esto ya de la campaña en México del PRD en 2003, de la campaña de Mahuad en Ecuador, que fue la campaña con la cual más anclamos estos conceptos porque Mahuad, por su formación, entiende totalmente esta ideas y escribe sobre la posmodernidad.

—¿Hizo marketing directo?

—Es directo pero no es marketing. Es ir a oír al vecino, a conversar con la gente, escuchar sus necesidades y dialogar sobre ellas.

—¿Cuál es el papel de la investigación: estudios de intención de votos, encuestas y “focus group”?

—Nada es posible sin una buena investigación. El que diga que es un profesional y quiera manejar una campaña sin el auxilio permanente de las encuestas, de focus groups, es un chanta. Aquí hay una gran calidad de investigación, hay muy buenos investigadores. Yo he pasado muchas horas conversando con ellos, oyendo, aprendiendo. Yo mismo me formé acá, en Argentina, originariamente como encuestador. Por ejemplo, en Buenos Aires no se puede dirigir las campañas sólo a los jóvenes porque son pocos, es una ciudad de viejos. Es la ciudad con la pirámide de edad más extraña en América latina. No hay nada que se parezca a Buenos Aires. En la campaña de 2005 lanzamos un mensaje muy claro: trabajo para mayores de 45 años; si eso se hiciera en México se llegaría a un sector chiquitito de la población. Acá, no. Entonces, hay que hacer estudios demográficos y electorales. Cómo votó cada circunscripción en la elección anterior. Cómo han votado en las últimas elecciones. Qué fidelidad tienen los partidos a líderes. Son muchas investigaciones que se integran y mi socio, Santiago Nieto, es el médico clínico: toma todos los exámenes y hace el diagnóstico. Hecho el diagnóstico, yo trato de elaborar las estrategias.

—¿Qué porcentaje del total de votos de Macri aportó Michetti?

—No es posible distinguir eso. Lo que es cierto es que se hizo una imagen que se complementó muy bien. En esta época era importante que una mujer fuera candidata. Las mujeres han cobrado cada vez más protagonismo y la presencia de Gabriela era importante. Ahora, no es sólo eso: a Gabriela yo la conozco hace años, es una mujer comprometida, que vibra con la política, le encanta la política. Me sorprendo de encontrar a alguien tan entusiasmado con la política; yo, personalmente, no tendría ese entusiasmo tan enorme.

—¿Es ingenuo el entusiasmo?

—No. Yo creo que es idealista y transmite mucha alegría, muchos deseos de hacer cosas

—¿Sin Michetti, Macri no hubiera logrado el triunfo en segunda vuelta?

—El triunfo en segunda vuelta se hubiera logrado de todas maneras. Macri es un gran candidato. Es muy disciplinado y hace bien las cosas.

—¿Cuál fue su consejo respecto de lo que tenía que hacer o dejar de hacer Franco Macri para ayudar a su hijo?

—Nunca hablamos sobre Franco. No era un tema que estuviera en los electores; por lo tanto, tampoco era tema de discusión. En la elección de 2005 sí estaba presente Franco en la mente de los electores como un negativo para Mauricio. Ahora, tanto los focus como las encuestas dijeron que eso no existía.

—¿Por qué el padre de Mauricio Macri “desapareció”?

—Pasan varias cosas. Una: ningún ataque en política es eficiente varias veces. Si lo atacan una vez con algo, la segunda vez es débil; y la tercera: la gente dice “déjense de embromar con eso”. Otra es que Macri siguió demostrando eficiencia en su manejo de Boca, que era una persona que hacía cosas. Cuando la candidatura de Filmus lanzó los carteles: “No te olvides, Mauricio es Macri”, a nosotros nos pareció magnífico, incluso pensamos en poner al lado: “No te olvides, Gabriela es Michetti” y complementábamos la campaña. Estamos muy agradecidos por los miles de carteles con el nombre de Mauricio Macri. De hecho, ellos financiaron la publicidad de segunda vuelta, fue un buen gesto.

—¿Se equivocó Alberto Fernández al mover a Daniel Scioli a la Provincia y presentar batalla contra Macri con Filmus? ¿Scioli hubiese podido ganarle a Macri?

—Es muy difícil saber qué habría pasado, pero si Macri me hubiera pedido consejos frente a Scioli, le habría dicho que igual le ganábamos. Creo que Scioli es un candidato más posmoderno que Filmus, pero si Filmus hubiera hecho una campaña positiva, tenía posibilidades. Mi impresión –no me he sentado con él– es que Filmus es una persona académica que no se debe haber sentido a gusto con una campaña tan violenta y ofensiva.

—¿En qué se equivocó Telerman?

—Telerman tuvo una equivocación central: creer que la nueva política es publicidad. Sin dudas, la suya fue la candidatura con la publicidad más creativa: fotos de su cabeza de arriba, de abajo…

—¿La mejor campaña publicitaria fue la de Telerman?

—Sin duda. Muy creativa, muy curiosa. Y él mismo es un personaje que de a ratos parecía más un actor que un político. Pero la demostración de que la política es política y no es publicidad es Telerman.

—¿Se equivocó en hacer la alianza con Carrió?

—Sí, no se puede producir tanto ruido en la cabeza del elector. Para mucha gente que estaba con Telerman la presencia de Lilita era una contradicción; y para mucha gente de Lilita, apoyar a Telerman era una contradicción.

—¿Habría sacado más votos Telerman sin el apoyo de Lilita?

—O con otros apoyos. En política, a veces, se juega con apoyos implícitos, pero no explícitos. Telerman más Carrió, en lugar de 1+1=2, fue 1+1=-2. Con todo el respeto que le tengo a Lilita, ella aporta mucho, pero no era a Telerman a quien podía aportar: ella tiene otro espacio y no puede producir esas contradicciones. Fue un error de análisis político.

—¿Habría sido mayor o menor la diferencia de Macri en el ballottage si en lugar de Filmus hubiera competido con Telerman?

—Cuando empezó la campaña Telerman tenía mejores posibilidades. Filmus hizo una buena elección al llegar a la segunda vuelta. Pero creo que la diferencia habría sido más o menos la misma con Telerman o Filmus.

—¿El hecho de no haberse retirado y pasar a segunda vuelta, perjudicó a Kirchner?

—Sin dudas, yo le hubiera recomendado que pararan. Porque, además, ellos terminaron la primera vuelta de ganadores. Tenían la Copa de Plata, eso los puso muy alegres. Hubo un error en el criterio: me decían que en las simulaciones de segunda vuelta que hacían en el Gobierno antes de la primera vuelta, Filmus estaba a un punto de Macri y le iba a ganar en la segunda vuelta. La simulación del ballottage depende del resultado de la elección en primera y de lo que ocurra el día de la elección. Ese es el día clave de todo. El día de la elección estuvo todo perfectamente planificado, Mauricio y Gabriela actuaron muy bien, y así una distancia de 20 puntos no es remontable. Cuando alguien saca 46 puntos va a ganar la segunda vuelta al menos que haga muchas tonterías, como Alvaro Noboa en Ecuador, que fue un monumento a la tontería. Filmus no tenía posibilidades de triunfo, era preferible retirarse con ese sabor a triunfo en la boca y no vivir una agonía que, además, ha desdibujado un poco su imagen.

—¿Si todos los candidatos de la oposición pidieran su consejo, les recomendaría ir separados para tratar de que el oficialismo no alcance el 40%?, ¿o ir juntos para forzar el ballottage porque la diferencia sea menor al 10% con el segundo?

—Todo depende del candidato. Los electores votan por candidato, no por corrientes. Hemos preguntado en varias encuestas, cuatro años sostenidamente, todos los meses, y quienes dicen que están interesados en votar un candidato de izquierda o de derecha son un 20% de la población. Quienes dicen votar por peronistas o no peronistas son un 25% de la población. La gente está votando por personas. Si ese candidato peronista es además un candidato viable, una persona agradable y cae bien, y puede comunicarse con los electores, en ese caso sí puede restar votos.

—Usted habló del 25% de la población que vota al peronismo sin importar quién sea el candidato y la expectativa del Peronismo Federal es lograr un 15%.

—25% son todos los del peronismo: muchos están con Kirchner.

—¿Blumberg dejó de ser un candidato atractivo?

—Sobre eso no hemos hecho encuestas, pero me parece que sí. Es complejo el tema. Un líder que viene desde los movimientos sociales y de la ética no puede cometer esa equivocación del título. Un error permitible en otros líderes, digamos un sindicalista. Por ejemplo: que alguien abuse sexualmente de otra persona es siempre malo, pero si es sacerdote es terrible.

—¿Michetti sería una candidata atractiva para gobernadora de la Provincia por el PRO, dado que ella nació, vivió y votó la mayor parte de su vida en el interior bonaerense?

—Yo creo que Gabriela es una mujer joven, no tiene una gran experiencia política, tiene una oportunidad ahora de desarrollarse como vicejefa de Gobierno de Mauricio. Hasta donde yo entiendo, Mauricio le dará un lugar muy importante en el Gobierno y ahí se desarrollará. La vida no hay que vivirla demasiado rápido. Hay que tomar las cosas con calma.

—¿Sigue pensando que entre la opción Ciudad o Nación, Macri debía presentarse en la Ciudad?

—Sin dudas. Esta era la decisión correcta y el resultado lo demostró. Mauricio tiene en la Ciudad una enorme posibilidad de desarrollar sus habilidades naturales, su capacidad empresarial, su potencial en gestión. Es un hacedor de cosas. En la primera conversación que tuvimos con Mauricio, en 2004, discutimos si debía ser candidato a diputado por la Ciudad o senador por la Provincia, y después de las investigaciones, mi consejo fue “diputado”, es una locura meterse en la provincia. El tiene su vocación por la Ciudad y tiene su corazón en la Ciudad.

—¿Este triunfo abultado podría ser leído como lo opuesto, que demuestra que tenía posibilidades de ser presidente?

—Sin este triunfo abultado en la Ciudad no habría quién piense en él como candidato a presidente. Supongamos que se presentaba otro líder del PRO, ¿qué sacaba? ¿7%, 8%?, y después de eso, ¿quién pensaría en Macri? Es como sucede en muchas ocasiones en la vida, porque se logra algo es posible lograr otra cosa que habría sido imposible sin la anterior.

—¿Sería conveniente que los Macri sigan siendo la atracción de los veranos en Punta del Este ahora que él es jefe de la Ciudad?

—Eso sí es problema. Pero ahí viene el dilema terrible de quienes optan por la función pública, que es perder su espacio de libertad. El ser funcionario público, el ser líder de un país, obliga a cortar libertades de manera dramática, sobre todo en esta época de enorme desarrollo de las comunicaciones.

—¿El dinero y la información de los servicios son las herramientas más usadas por los políticos?

—Es una tentación que tiene la inmensa mayoría de los gobernantes. Lo hacen directamente o cierran los ojos cuando alguien hace el papel de malo en su equipo. Pero la tentación existe: la caja y conseguir información descalificante de los adversarios es algo que les gusta a los gobernantes. No creo que sea una buena idea, porque quienes se dedican mucho a eso terminan siempre en la cárcel. En Ecuador hubo un vicepresidente así y terminó prófugo, fuera del país. Otra vez el contagio: terminan enredados. Un famoso presidente que ejerció una dictadura brutal en mi país murió de 20 machetazos. Como creo en las energía negativas, siempre hago cosas positivas y no tengo miedo porque no hice nada malo en la vida.

—Está hablando del Karma.

—Sí, de hecho yo viví dos años en Oriente: India, Sri Lanka, Bangladesh y Nepal. De los budistas aprendí mucho. En Japón aprendí el Go, que es un juego que da una visión del mundo distinta. Cuando se inicia una partida de Go, se lo hace en 3 o 4 posiciones que obedecen a que “no se debe ser tan aburrido como para vivir las vidas vividas por otros”, pero también porque “hay que tener un poco de locura en la vida, pero no tanta como para que altere el universo”.

—¿Qué relación hay entre el Go y la casta imperial japonesa?

—El jefe goningo, el campeón mundial en términos occidentales, es miembro de la corte imperial japonesa. Hay mucha gente en Japón que se dedica a cultivar esta filosofía y esta forma de ver el mundo a través de un juego muy sencillo, cuyas normas se aprenden en tres minutos, pero ni una encarnación será suficiente para aprender a jugar. Es pura estrategia: yo en las campañas electorales tengo mi tablero y dibujo en el tablero lo que está pasando.

—¿Se compara al ajedrez?

—El Go es una guerra y el ajedrez es una batalla. El Go se juega con piedras que se depositan en un tablero de 19 líneas por 19 líneas y rodean un territorio. Los soldados que están rodeados mueren. Eso son todas las normas, no hay más que eso. Es de un simplicidad enorme, como la poesía oriental, que tiene dos letras. Hay algunos jugadores de Go que se hicieron famosos porque aplicaron el juego a otras cosas y les fue bien. Mao Tse Tung, en China, y el general Giap (el “Napoleón rojo” de la guerra de Vietnam) eran jugadores profesionales. Es un juego que lleva a concebir diversas batallas al mismo tiempo, a pensar que la vida no es un sola batalla sino que son muchas y que hay que integrarlas para poder entender el todo. El Go da una visión muy tranquila, ayuda a ver siempre los defectos y las virtudes de todo, a buscar equilibrio.

—¿Cuál sería la lógica de Cristina candidata si ella mide mucho menos que su marido? ¿Será porque no hay un candidato opositor que se dispare?

—Eso pensó Mario Vargas Llosa en Perú hasta que apareció Fujimori, que nadie conocía, haciendo campaña sentado en un tractor. Eso pensaron los ecuatorianos cuando asomó un ser como Bucaram, que llegó a presidente sin que nadie pensara que podía serlo. Cuando se produce un vacío político, si no lo llena un político formal, lo puede llenar cualquier persona.

—¿Cualquier mujer, a igual nivel de capacidad que un hombre, mide hoy cinco puntos más que un hombre?

—En este momento, sí.

—¿A qué lo atribuye?

—A que las mujeres votan por género y los hombres no. Un hombre no vota por otro porque sea hombre y las mujeres votan por una candidata porque es mujer.

—¿Eso tuvo que ver con Michetti?

—Ayudó, pero ayudó más su psicología diversa de la de Macri, que complementaba y hacía un paquete.

—¿Cómo sería el perfil del candidato ideal para octubre?

—El de Macri. Alguien relativamente joven, fuera de los esquemas tradicionales. Que transmita sentimientos con imágenes y no ideas con palabras. Uno de los graves problemas actuales es el de la identidad. Y como es muy difícil hacerse conocer, la gente que viene del espectáculo tiene ventaja: Reagan, Schwarzenegger, Rubén Blades. El espectáculo y el deporte hacen que la gente sea conocida. En las encuestas que hacemos en todos los países la gente menciona a cinco jugadores de la Selección de fútbol y nunca cinco ministros.

“La inseguridad no tiene solución”

—¿Le conviene a Macri que Kirchner le dé la Policía?

—El tema de la Policía es muy complejo en todo el mundo. No están tan claros los límites entre la Policía y sus adversarios, entonces es un problema difícil de manejar. Si Macri puede, habrá hecho una proeza.

—¿Si Kirchner no le da la Policía podría justificar así el problema de la futura inseguridad?

—Si es que Macri maneja la Policía, va a ser difícil que justifique la inseguridad, si persiste. He conversado con él y está seguro de que puede hacer mejoras importantes manejando la Policía. Quedó muy impactado por el resultado electoral, no esperaba un triunfo tan amplio y lo veo muy comprometido, en deuda con los vecinos y empecinado en cumplir con lo que dijo en la campaña.

—¿Todas las policías son un problema en América latina?

—En todas partes son muy difíciles de manejar, pero en México todavía es más complicado.

—En EE.UU., la mayoría de los premios Pulitzer de periodismo son por corrupción policial. ¿Es un problema mundial?

—Las mafias de las drogas terminan envolviendo a policías dedicados a la lucha antinarco. Es propio de la naturaleza humana: cuando se está mucho en contacto con algo se termina contagiando. Ocurre lo mismo en todos lados.

—¿Los piqueteros sí son únicos en el mundo?

—Es uno de los aspectos oscuros de la política argentina. Los piqueteros son una institución muy perversa, es el uso de gente pobre para que trabaje como fuerza de choque. Es una institución muy argentina y muy perversa.

—¿Pagada por el Estado para generar caos?

—Buena parte de ellos recibe una pensión del Estado por desempleo y en la práctica son grupos de choque político. Yo prefería el peronismo donde había una clase obrera, con todos los defectos del sindicato y con todo lo que ocurrió, pero no a los piqueteros.

—¿Cómo manejará Macri a los piqueteros?

—Es uno de los tantos problemas que va a tener. Esta es una ciudad espectacular que tiene muchas cosas hermosas y, también, problemas enormes.

—¿Se puede resolver la inseguridad sin solucionar el problema de la droga?

—La droga ingresó masivamente en América en los 60, antes casi no había droga. En algunos países andinos y en México cuenta con capitales gigantescos que han ingresado en la política y la manejan. La legalización de la droga sería una forma de combatir el tema. Tendría el efecto que tuvo la legalización del alcohol en EE.UU. en su momento: así frenaron el crecimiento de las mafias y el contrabando de alcohol.

—Según usted, no estamos “tan mal” en Argentina.

—Sin ninguna duda. De los países que más frecuento, México, Argentina, Ecuador y Estados Unidos, aquí en Buenos Aires es el lugar donde me siento más seguro, aquí no hay inseguridad comparada con México. Pero en las últimas encuestas la inseguridad preocupa al 60% de la gente, seguida por la pobreza y el desempleo. Yo que soy nómada y puedo comprar, no veo por qué están tan inquietos.

—¿Usted tiene una visión pesimista de la seguridad en el futuro?

—Sí, tengo una visión pesimista.

—¿El problema es la distribución de la renta?

—La pregunta es: ¿qué es la pobreza? En esto también aplico el pensamiento budista. Cuando el buda original, Siddhartha Gautama, habló sobre las cuatro verdades, la segunda noble verdad es: “Tú sufres en la vida porque anhelas lo que no tienes”. Si no anhelas lo que no tienes, no sufres. Y cada vez hay más cosas que anhelar: el mundo se ha desatado. Las cosas que un joven de 18 años puede anhelar son muchísimas más que hace 30 años. Y cada día asoman más artefactos. Yo, en mi adolescencia, tuve el sueño tonto de morir cuando hubiese leído todos los libros de literatura que me interesan. Y cada día que voy a una librería asoman diez más. No me basta una encarnación. Cada vez hay más cosas que aparecen, entonces más cosas que se anhelan, entonces más angustia, entonces más pobreza. Y esto va a ir creciendo.

—¿Cada generación es, proporcionalmente, más pobre que la anterior porque anhela más?

—Y porque tiene más. Cuando yo era estudiante y venía con mi novia hace 36 años, me bastaba comer una milanesa napolitana en El Palacio de la Papa Frita y comprar una camisa Ridgard’s, sentía que había llegado al paraíso. Cuando mi hijo viene a Buenos Aires, no se conforma con eso.

—Proyectado al futuro, ¿qué solución tiene?

—No tiene solución. Es la naturaleza humana, seguiremos así.

Acerca de la investigación de la opinión pública. Más de Jaime Durán Barba

LAS ENCUESTAS Y LA DEMOCRACIA EN AMERICA LATINA

Por Jaime Durán Barba

Hace treinta años la mayoría de los países latinoamericanos volvieron a la democracia después de décadas de gobiernos de coroneles y generales totalitarios. Durante esos años de oscuridad,Manuel Mora y Araujo, Edgardo Catterberg y otros académicos mantuvieron en la Fundación Bariloche de Argentina un centro en el que se estudiaban temas que parecían sin futuro: la democracia, los partidos políticos, las encuestas. Varios latinoamericanos que estamos aquí fuimos sus discípulos y a partir de la vuelta de la democracia iniciamos estas actividades en nuestros países.

Hoy, gracias al trabajo de Manolo y rindiendo memoria a Edgardo, que ya no está entre nosotros, nos hemos reunido, en Colonia del Sacramento del Uruguay, convocados por la World Association of Public Opinion Research más de cien profesionales que investigamos
la opinión pública en muchos países. Es un buen momento para hacer un balance de nuestro trabajo y de las actitudes de los principales actores frente al tema en América Latina.

Los políticos y las encuestas

Aunque en estas décadas los políticos se han modernizado, muchos siguen sin entender para qué sirven los estudios de opinión pública. Es difícil aprender a manejar bicicleta después de los cincuenta años y para quienes se educaron en la edad de la palabra y la retórica ideológica, también lo es aprender a usar las técnicas de
comunicación política del siglo XXI. La consultoría política nació en los Estados Unidos en la década de 1960 gracias al esfuerzo de Joseph Napolitan, Matt Reece, Tony Schwartz y otros personajes vinculados a la acción política, que plantearon que las campañas electorales debían ser conducidas por consultores políticos profesionales y no por publicistas o marketinólogos, que de tiempo en tiempo sienten afición por la política. En ese país, actualmente,ni los consultores políticos comercializan zapatos, ni los candidatos creen que pueden venderse como cajas de cereal. En Latinoamérica
la comprensión del tema recién empieza. La consultoría llegó, generalmente hablando inglés, hace treinta años y tomó fuerza a partir de la década de 1990.


Nuestros políticos tienen diversas actitudes ante el tema. En primer lugar están los más arcaicos. Dicen que no creen en las encuestas y suponen que este, es un tema de fe. No creer en las encuestas es tan primitivo como no creer en las radiografías, pero algunos líderes asumen esa posición y la mantienen en público sin ruborizarse. Lo
gracioso es que al mismo tiempo viven pendientes de los números. No los entienden, pero les preocupan. Su posición frente al tema es mágica. Se desesperan por el rol de adivinos que la sociedad ha asignado a los encuestadores. Los odian y los contratan en secreto.
Atacan a las cifras cuando “no les favorecen” y guardan un desconcertado silencio cuando les “favorecen”. Varios temen también a la televisión, no se maquillan cuando van a los noticieros, desconfían de los medios de comunicación, no entienden la
democracia moderna. Alguno de ellos, planteó hace poco que haría su campaña, para Presidente de México, caminando por el país porque no creía ni en las encuestas ni en los medios de comunicación. Tuvo que corregir su línea cuando las encuestas, en
las que no creía, dijeron que se derrumbaba, concurrió a todos los medios de comunicación que despreciaba, pero fue tarde. Perdió una elección que estaba decidida. Estos políticos se están extinguiendo con los años, pero todavía existen.

La segunda variante anacrónica, es la de los políticos que suponen que la tierra se hizo redonda cuando Copérnico publicó “De revolutionibus orbium coeelestium”, sin percatarse de que el polaco no creó la tierra, sino que solamente constató un hecho: nuestro planeta giraba en torno al sol. Estos dirigentes no entienden que las
encuestas miden realidades pero no las producen. Para ellos lo importante es publicar números de la carrera de caballos y decir que son un caballo que triunfa. Suelen creer en la leyenda de que los “votantes apuestan al candidato ganador”, desechada por todos los profesionales desde hace décadas. Usan las encuestas para mentir
un poco, tranquilizar sus nervios, alimentar su ego, producir una publicidad costosa que en muchos casos es perjudicial. Si la suerte de una elección se decidiese por lo que dicen las encuestas, sería muy fácil ganar publicitando unos números producidos en el ordenador, pero eso no es así. Si un “encuestador” le propusiese a un empresario hacer un estudio de mercado para publicar que la bebida que va a producir vende más que la Coca Cola sería objeto de mofa. Hay sin embargo políticos que toman en serio propuestas de esa laya porque, como dice Bertrand Russell, “la política es la actividad humana en la que más personas inteligentes cometen estupideces”. Lo triste es que algunos encuestadores sin ética se prestan a ese juego por unas monedas y desprestigian a la profesión. Felizmente son los menos y pronto salen del mercado.

Hay un tercer grupo de políticos que usa las encuestas con una posición más moderna, pero todavía rústica. Se han vuelto encuestadores o encuesta adictos. Usan números. Especialmente cuando son gobernantes, aplican encuestas incesantemente. Han
descubierto algo que les hechiza: aplicar una encuesta es extremadamente fácil. Basta con que un estudiante de ciencias exactas haga una muestra, ellos mismos hacen las preguntas, las interpretan y arman lo que llaman “una estrategia”. Efectivamente,
aplicar una encuesta es tan fácil como sacarle sangre a un ciudadano, con una jeringa o un garrote. Es cuestión de darle un buen golpe y la sangre fluye. Eso no significa que, conseguida la muestra, el agresor sea un médico que puede analizarla, diagnosticar al paciente y peor aún operarle del corazón. En medicina, el tema está claro para todos, en política no. Una cosa es aplicar físicamente una encuesta y otra diseñarla, analizarla y sacar conclusiones válidas. Muchos políticos creen que la calidad de las encuestas depende solo de la validez de la muestra. Los
profesionales sabemos que el problema es mucho más complejo.

En algunos líderes se ha producido una “encuesta-dependencia” inocente. Creen que hay que actuar “como quiere la gente”, hacer lo que dicen las encuestas. Repiten la frase hueca de que la “voz del pueblo es la voz de Dios” y la obedecen. El problema está en que los estudios demuestran que en muchas ocasiones, la mayoría opina cosas ridículas, cambia de postura con velocidad, se deja influir por cualquier banalidad. Si Dios existe, no podría tener una voz tanvacilante y disparatada. Las encuestas no pueden sustituir a los programas, las ideas, las propuestas. Los asesores políticos ayudan
a los dirigentes a comunicarse pero no deben pretender manejarlos, ni reemplazarlos. Los consultores ayudan en asuntos técnicos, pero son los políticos los que van hacia donde creen y los que en definitiva ganan o pierden la elección. Los candidatos veleta, que hacen lo que dice la pregunta de una encuesta, no son dirigentes
políticos sino productos pobres de la sociedad consumista.


Finalmente están quienes tienen una visión moderna del tema. Usan las encuestas para comunicar sus ideas apoyándose en el trabajo de técnicos experimentados, que hacen estudios serios, integran los datos a los resultados de otras investigaciones de diverso tipo, y producen un diagnóstico integral. Cuando conducen una campaña moderna cuentan con consultores en estrategia, comunicaciones y en muchos casos dan sorpresas electorales. En países con una democracia antigua y consolidada como los Estados Unidos, esta la norma. En algunos países de nuestra región, especialmente en aquellos que tienen un liderazgo menos formado intelectualmente o ilustrado pero anticuado, Melquíades recién está llegando con el hielo a Macondo y lo elemental parece excepcional.

Los consultores, los encuestadores y sus mitos

Entre los presentes, hay encuestadores que viven en el mundo de la academia y otros que se dedican a la consultoría política. Son dos tipos diversos de profesionales, aunque emplean técnicas semejantes. Los unos producen estudios que ayudan a comprender mejor la sociedad. Pueden reflexionar sobre una encuesta a lo largo de un año, aplicar técnicas sofisticadas para procesarla y publicar sus trabajos. Su ámbito no es el de la acción sino el del análisis. No hay duda de que nuestra profesión debe mucho a trabajos como “La personalidad autoritaria” de Adorno y otra serie de obras que
ningún encuestador serio debe dejar de consultar. Sin el trabajo de los académicos, estaríamos en nada.

Los otros viven la vorágine de las campañas y del poder. Quieren alterar la realidad en que viven. Les pagan para eso. Para hacerlo, necesitan comprenderla, pero de manera vertiginosa. Nunca usan una encuesta que tenga una antigüedad de varias semanas porque
los datos ya no reflejan la realidad concreta en la que trabajan. Normalmente, según avanza la campaña, necesitan encuestas quincenales, semanales, diarias. No pueden emplear mucho tiempo en reflexionar, porque mientras lo hacen, su cliente puede haber
sido derrotado. Los consultores tomamos decisiones rápidas, en base a información fresca. Si nos demoramos al escribir podremos producir textos inteligentes que no servirán para nada. Somos como los periodistas: nuestros trabajos deben estar listos ahora, porque mañana es muy tarde. Algunos querríamos escribir “En busca del Tiempo Perdido”, pero necesitaríamos muchos meses para recorrer los caminos de Swam y no contamos con ellos. Me encanta leer a escritores como Proust y pero también buena prensa. Unos y otros son textos importantes pero distintos.

Hace dos décadas casi todos los consultores políticos eran norteamericanos. En Europa esta profesión no se desarrolló porque muchos de sus países llegaron a la democracia recientemente, tienen sistemas políticos parlamentarios y democracias controladas, diversas de la americanas. Las ideologías tuvieron en ese continente otras raíces y recién en estos años están convirtiéndose en democracias mundanas y superficiales. En estos años, los consultores latinoamericanos han proliferado.

Los hay de diversos tipos. Bastantes, son charlatanes que deambulan por nuestros países sorprendiendo a candidatos, o políticos jubilados que han encontrado una nueva ocupación. Llama la atención que en una época en la que existe la Internet puedan existir, pero los políticos arcaicos tampoco saben navegar. Cuando alguien les dice que ha dirigido decenas de campañas electorales, deberían poner el nombre del personaje y el de sus supuestos clientes en un buscador de la Red y ver qué pasa. Si es verdad que ha el supuesto consultor ha trabajado, alguna noticia saldrá en la pantalla. Por mucho que los consultores acostumbramos negar la relación con nuestros clientes, casi siempre la prensa se percata de nuestra presencia y dice algo. Si no aparece nada en la red y el consultor le dice que ha asesorado a muchos presidentes y alcaldes, el político debe usar otro invento contemporáneo: el celular. Debe pedirle hablar con alguno de ellos. Un consultor normalmente tiene una relación personal con sus clientes y puede llamarles fácilmente, especialmente cuando han dejado el poder, porque en esa circunstancia suelen tener más tiempo. Muchos políticos no toman esos recaudos y son víctimas de charlatanes que inventan historias ridículas y desprestigian a nuestra profesión.

Otra forma de reconocer a quien no es consultor profesional es observar su posición frente a las encuestas y otras herramientas de investigación. Si quien quiere asesorar a un político no pide que se aplique un plan de investigación sistemático, y le dice que basará su trabajo en su intuición o experiencia, es un médico que pretende operarle del corazón sin hacerle ninguna radiografía y sin averiguar su tipo de sangre, porque intuye que necesita una operación o porque ha trabajado muchos años en un hospital. Lo normal sería que el paciente huya de un profesional de esas características. No hay campaña moderna sin encuestas y sin otros estudios sistemáticos que son indispensables para diseñar una estrategia. Sólo usando estas técnicas se puede saber cómo ven los electores al candidato, a sus adversarios, cuáles son los grupos objetivos a los que puede llegar con más facilidad, con qué mensaje y cien cosas más que son la clave del triunfo. Los encuestadores políticos son parte vital de ese juego. Los estrategas no podemos trabajar sin recurrir permanentemente a ellos. A pesar de todo, hay candidatos que siguen haciendo las cosas a la vieja usanza. Conozco algunos que habrían ganado las elecciones si en vez de gastar millones de dólares en una publicidad autodestructiva, no hacían nada. Es famoso el caso de un político centroamericano que hace pocos años empleó una suma enorme de dinero para “hacerse conocer”. Sin saber a quienes se dirigía, que mensaje daba, cubrió su pequeño país con letreros, gigantografías, propagandas de televisión y radio que decían “Fulanito es la Patria”. Logró que unos tantos ubiquen su nombre como el de un millonario que no sabía que hacer con su dinero, se incrementen sus negativos e hizo el ridículo el día de la elección. Cuando se trabaja sin investigación y sin estrategia, la mayor parte del dinero de las campañas sirve para adular al candidato y perder votos.

En la otra área, la del análisis académico, las encuestas se han desarrollado de manera notable. Los métodos de análisis se han sofisticado. En algunos países, se han producido publicaciones de enorme calidad, como “El Poder de la Conversación” de Mora y Araujo, caso poco frecuente de alguien que es al mismo tiempo académico y consultor, que ha marcado un hito en la historia de nuestra profesión. Los encuestadores académicos, en muchos casos, sienten fastidio con los encuestadores políticos, los medios de comunicación y los políticos. Muchos de ellos no entienden porqué todo ellos privilegian los estudios “superficiales”, coyunturales y no los suyos, que son de mayor profundidad. La razón es bien simple. La política es siempre urgente. Se necesitan encuestas para tomar decisiones prácticas en el corto plazo. Medimos la opinión pública día a día. Los medios se interesan en datos que tienen actualidad y dan menos espacio a los trabajos densos. Los estudios académicos proporcionan a sus autores otras gratificaciones, pero no siempre llevan a la fama “superficial” de los que aparecen en las pantallas de la televisión, que muchos colegas académicos ansían y desprecian al mismo tiempo.

3. Los medios y las encuestas

Las actitudes de los medios de comunicación han variado con el tiempo. Inicialmente la mayoría tenía los resquemores usuales en los seres humanos frente a una nueva técnica. Cuando apareció la luz eléctrica, en la mayor parte de nuestros países la gente encendía una esperma para “calentar” su fría luminosidad y evitar la tuberculosis. Era un mito que tenía fuerza. La revolución Industrial trajo consigo una ola de detractores y destructores de máquinas que no se calmó ni cuando ahorcaron a Ned Ludd. Esta actitud conservadora se agrava cuando una técnica tiene que ver con temores atávicos que anidan en el fondo de nuestra mente. Nada está más presente a lo largo de la vida que la muerte. Acecha detrás del teclado, de la bañera, de la cerveza que tomamos en un boliche. Es el evento omnipresente en el futuro. Por eso los nigrománticos y quienes han tratado de adivinar lo que sucederá en las entrañas de los animales o en la posición de los astros, han sido temidos y odiados en todas las sociedades. Muchos brujos terminaron linchados por equivocarse o se les culpó de lo que ocurría por sus vaticinios. Hoy los medios y la opinión pública han conferido a los encuestadores ese papel y esto tiene costos y gratificaciones. En la última elección presidencial ecuatoriana Santiago Nieto, el director de Informe Confidencial, apareció en los medios más que la mayoría de los candidatos presidenciales. Felizmente no se equivocó con sus “vaticinios”, porque habría sido linchado con el mismo entusiasmo con el que le dieron espacio. Cuando un periodista o un vecino saben que trabajamos en una encuestadora, la pregunta inevitable es “¿y cómo les fue en la última elección?” Está supuesto que no nos pregunta si el candidato presidencial para el que trabajábamos ganó. Eso no tiene importancia: tiene que ver solamente con la suerte del país. Lo que quiere saber es si “adivinamos” o nos equivocamos, si somos en realidad adivinos, si podemos hacer algo sobrenatural.

Desde otro ángulo, muchos medios de comunicación, personas que se han comprado un “call center”, blogs, sitios de Internet, gentes entusiastas y asociaciones de todo tipo se han vuelto “encuestadores”. Ponen una pregunta en cualquier sitio, para que alguien responda, sacan porcentajes y tienen su propio estudio. Por lo general se equivocan de manera estrepitosa. Esta puede ser una curiosidad pero no es un trabajo científico por cien razones. Una encuesta sin muestra es una broma. La muestra no lo es todo, pero si no está bien hecha no hay encuesta. La muestra es como un hospital bien equipado, indispensable para una operación de corazón abierto. Por bueno que sea, el edificio del hospital no puede operar, pero tampoco es posible que un médico haga un trabajo tan delicado en el parque. Por otra parte las actitudes de los ciudadanos no se miden con una pregunta. Los seres humanos somos contradictorios, inestables, nos mentimos a nosotros mismos de manera constante. La política es pasional, tiene muy poco que ver con lo racional. Cuando se habla de temas electorales incluso los intelectuales más sofisticados pierden la cabeza porque suelen ser más militantes que la gente común. Los encuestadores políticos tienen muchas dificultades para comprender a los electores. Hacen baterías de preguntas, estudian los temas desde muchos ángulos, constatan sus hipótesis con diversos métodos. Solo con muchos años de experiencia y formación académica aprenden a interpretar los datos y averiguar lo que piensa la ciudadanía. Las preguntas que ruedan por el mundo son un juego para saber lo que opinan sobre un tema sectores de la población que pasan por un sitio, real o virtual, o que leen determinado medio.

En algunos casos, medios importantes llegan a acuerdos con encuestadoras profesionales para entregar a su público un material realmente valioso y confiable. No es lo usual. Muchos medios no saben gastar en algo que no entienden, pero cada día hay más directores que estudian el tema y lo hacen. En algunas elecciones de este año, cadenas importantes han hecho ese trabajo y han aportado a la consolidación de la democracia de esa manera.

En definitiva, las actitudes de los medios de comunicación frente a las encuestas van desde una suspicacia extrema, que les impide usar estas herramientas de la modernidad, hasta la inocente actitud de ser “encuestadores Light” en una época en que todo puede ser tan liviano que las guerras más sangrientas se ven por televisión, comiendo palomitas de maíz.

4. Reflexiones finales

Casi todos los autores dicen que durante el siglo XX, especialmente en sus tres últimas décadas, la humanidad experimentó un desarrollo tan grande como el de toda la historia de la especie. Cuando empezó esa centuria, el mundo en su conjunto era inmensamente pobre, las expectativas de vida eran casi la mitad de las actuales, se empezaron a publicar los primeros diarios con una circulación precaria, los occidentales vivían movidos por mitos, leyendas, fantasmas y comprensiones mágicas de la vida.

En las primeras décadas de ese siglo, el desarrollo de muchas ciencias impulsó ese cambio. Los socialistas, vinculados al magisterio, difundieron en nuestro continente la estadística como una forma de ver la realidad desde una perspectiva revolucionaria. La psicología, la antropología, la sociología y posteriormente la semiótica y otra serie de disciplinas permitieron desmitificar muchos aspectos de la vida humana. De la época en que algunos individuos o grupos humanos se creían excepcionales, pasamos a la edad de la media estadística. Todos estamos un poco más lejos o cerca de la media de la humanidad. Hay pocos dioses y líderes mesiánicos circulando en occidente. La gente común opina. Conversa. Vota. Decide quien gobierna y quien deja de gobernar.

Las encuestas, son consideradas en muchos países, el quinto poder de la sociedad. Los encuestadores dicen lo que opina la gente. Califican a los gobiernos, anuncian quien gana las elecciones, son portadores de la dispersa opinión de los diversos grupos que integran la sociedad. Esto les da una enorme importancia en esta democracia de masas en la que la gente común decide con sus opiniones su destino.

Esperemos que esta reunión de la WAPOR, que ha convocado a muchos de los estudiosos más importantes del continente, genere discusiones que permitan que nuestra profesión se perfeccione y sirva para consolidar la democracia y ayude a encontrar mejores días para nuestros países.

Más de Jaime Durán Barba

En esta entrevista se desarrolla bastante más acerca de su trabajo y de los políticos que vendrán.
Le dio muchísimas notas ya a La Nación, y he llegado al punto de imprimirlas y guardarlas. De nuevo, sólo reprpoduzco partes del artículo.

Entrevista

Jaime Durán Barba: la política erotizada

El asesor de imagen de Mauricio Macri, que vivió en la Argentina en los 70, se enamoró del peronismo de izquierda y estuvo con la JP en Ezeiza para buscar a Perón, dice que para la actual generación la política es menos importante que el sexo y que es en ese plano donde hoy se definen las nuevas izquierdas y derechas

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Domingo 19 de noviembre de 2006 | Publicado en edición impresa

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Jaime Durán Barba: la política erotizada Foto: Fernando Massobrio

"Todo ha cambiado desde entonces, menos los políticos, que siguen diciendo las mismas cosas desde hace 50 años. No se dan cuenta de que a la actual generación de votantes le importa como tema político central el sexo. A un pibe le inquieta más que su pareja quede embarazada que cómo paga la Argentina su deuda externa. De allí que le importa saber si el candidato aprobará o no la píldora del día después, o si está a favor o en contra de la educación sexual. Esta sociedad nueva, con el reinado de Internet, nos ha llevado a una erotización del mundo. Y es en ese plano donde se están definiendo nuevas izquierdas y derechas."

- Pero los políticos están muy lejos de abrir esos debates, aunque también es cierto que hemos tenido temas bastante más urgentes en la Argentina a partir de 2001 .

-Son debates que todavía no se han incorporado en América latina, no sólo en la Argentina. Los políticos mayores de 50 años no fijan su posición frente al aborto, los homosexuales o la necesidad o no de casarse para formar pareja. Tienen miedo de hablar de sexo; creen que no es de buen gusto; que no es importante. Hasta ahora, había que hablar del "Che" Guevara.

- ¿Y usted lo va a alentar a Macri para que vaya en ese sentido?

-Cada candidato recorre su camino y tiene su estilo. Hay toda una caricatura que se ha armado del asesor, que trata a su cliente como si fuera una marioneta. Esto no es así. Es más, yo no trabajo con políticos sin personalidad. Con Mauricio charlamos; él es un hombre muy inteligente, que sabe escuchar y escucha, pero también discute mucho. Yo planteo opciones y él decide. Un asesor nunca debe imponer sus puntos de vista.

- Es algo así como un psicólogo, digamos .

-Si, me voy acercando a eso

- ¿En cuánto lo ayuda a Macri, en nuestra sociedad, su estilo de escasa confrontación?

-En mucho. El estilo confrontativo puede dar rédito, pero es provisorio y finalmente es un problema. Forma parte de la sociedad machista antigua, que empezó a morir en los 50. A partir de entonces, la sociedad occidental se hizo femenina.

- ¿Confrontar es machista?

-Si, claro, tiene que ver con la pelea de los machos alfa, que se disputaban la hegemonía a mordiscos. Eso sucedió desde nuestros antepasados, los homínidos, hasta que la mujer y sus valores se incorporaron al mundo público. Desde entonces, muchos valores machistas se vienen derrumbando. Y si antes era prestigioso ser cazador; hoy es prestigioso ser ecologista. Si antes era muy macho un niño que golpeaba a todos los demás, hoy, cuando golpea al segundo niño, va al psicólogo.

- Pero mire que a nuestro presidente no le está yendo nada mal como macho alfa...

-Porque estamos en la transición, y todavía hay machos alfa que tienen éxito. Pero si se asoma otro, con una propuesta muy positiva, muy moderna, va a empezar a empatar con los nuevos electores. Sobre todo, con las mujeres y los jóvenes.

- Entonces, usted le aconseja a Macri que no ataque al Gobierno.

-En principio, sí. Gana el candidato que más soluciona los problemas de la gente, no el que más muerde a los otros machos alfa. Además, estamos ante un presidente con una enorme popularidad y que, encima, es buen comunicador. La gente piensa: ¿odia al tipo que a mí me cae bien? No es una buena idea: puede generar un efecto adverso.

...

- O sea que lo importante, según los asesores de imagen, no es lo que pasa realmente sino lo que parece que pasa.

-A ver El buen funcionamiento de la economía no produce, automáticamente, réditos políticos. Fíjese el caso de Alejandro Toledo, en Perú: la economía peruana creció espectacularmente durante su presidencia y, sin embargo, fue uno de los presidentes más impopulares. ¿Por qué? Porque no sabía comunicarlo y llegó al récord de tener sólo el siete por ciento de aceptación popular.

- Ahora, Durán, este abordaje de las campañas, ¿no convierte a la politica en un mero show mediático, sin contenido?

-¿Y por qué la política tiene que ser un entierro?

- Un entierro, no, pero de ahí a entronizar la imagen a costa del contenido hay una gran distancia.

-En nuestra profesión tratamos de comunicarnos con los electores comunes. En las campañas, el votante que más nos interesa es el menos instruido. Una persona que lee el editorial de LA NACION no nos interesa para nada porque ya está decidido.

- A esos no los define que Macri salte un bache.

-No; ni que Kirchner haga una gran propuesta: son los votos duros; el electorado informado, que no es más que el diez por ciento en América latina.

- ¿Y el resto? ¿Qué mueve a votar a la mayoría?

-Imágenes y sentimientos; no vota con su cabeza. Aunque, ojo, tampoco los intelectuales, ni los informados, votan con su cabeza. No existen las decisiones frías, racionales. En la política hay sentimientos muy fuertes en juego. Cuando un socialista y un capitalista discutían no decidían qué es mejor en base a libros; discutían fe. Uno primero es católico y después se entera en qué hay que creer para serlo. En las generaciones pasadas, un gorila nunca veía bien a un peronista y viceversa. La gente ha votado por amor a Péron.

- Pero no votaría por amor a Macri, ¿o sí?

-No crea; Macri, a favor o en contra, genera pasiones. Hay gente que detesta a Macri y hay otra a la que le fascina: es un candidato que polariza. Y Boca lo ayuda mucho para eso.

- ¿Es bueno que polarice?

-Claro que sí. El drama sería que no generara reacciones ni a favor ni en contra. En ese caso, tendría las mismas chances de ser presidente que mi abuelita.

- En el caso de que Macri ganara en la ciudad, ¿no sería complicado gestionar con un gobierno nacional en contra, que además intentaría, a toda costa, frenar la aparición de un polo opositor?

-En ese caso, Kirchner también saldría dañado. Es más, estoy seguro de que, si hiciéramos la pregunta, la mayoría querría que Macri y Kirchner fueran aliados para que resolvieran los problemas de la gente. Al ciudadano común, cualquier otra cosa, le resulta muy secundaria.

Por Laura Di Marco

Como hacer política en el siglo XXI


Me llama mucho la atención el señor Jaime Durán Barba. Me interesa leerlo aunque no siempre comparto lo que piensa.
Me gusta que prefiera invertir en entender qué quiere un electorado en vez de remeras con el nombre del candidato.
Voy a reproducir fracciones de artículos y entrevistas que le dedicaron, con la esperanza de que seamos más los que evaluemos y apreciemos otras formas de hacer política.

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JAIME DURÁN BARBA: "Estoy convencido, todo tiempo pasado fue peor"

Publicado el 25/Noviembre/2007 | 00:00


A Durán Barba y Asociados, la Universidad de Comillas, en Madrid (España) le otorgó el reconocimiento como la mejor asesoría política a un candidato en América Latina. En Europa ganó el equipo que llevó a Nicolas Sarkozy a la presidencia en Francia. El próximo miércoles IC presenta la ponencia de su campaña ante los universitarios de España.

"El mundo del futuro es el mundo del respeto a la diferencia, respeto a una persona porque es de otro el color su piel, porque es otra su convicción ideológica, porque es otra su convicción religiosa, porque es otra su orientación sexual, respeto a la diversidad es un punto, creo yo, de la nueva sociedad y en todos esos aspectos Macri es una persona progresista, no había duda de eso", comenzó a decirme como preparando su ponencia.

"Ahora, esta campaña tuvo algunas cosas peculiares. Al llegar nosotros (IC) Macri tenía 51 negativas, que es una bestialidad, frente a 45 positivas. Había que mejorar su imagen", me dice mientras dirige la pantalla de su laptop hacia mí. "En las dos campañas de Macri, le dimos muy poca importancia a la prensa política, entonces a qué le hemos dado importancia, a cosas como el humor", y pone a correr un video grabado en el programa de Tv del famoso conductor Marcelo Tinelli, en el cual una parodia imitando a Macri se lleva las carcajadas de todos, mientras ridiculizan al candidato.

"¿Qué hacer frente a esto?", me dice entre risas, y continúa: "El imitador es igualito... así mismo camina Macri. Los miembros del partido reunidos decían: hay que hacer algo ante esta burla. Somos el hazme reír... y me preguntan: ¿cómo atacamos esto?, No, nada de ataques, nuestra campaña es alegre, positiva, les dije y planeamos la estrategia. En respuesta, hicimos una propaganda burlándonos de nosotros mismos, dirigida a Tinelli, claro, a los millones que le ven, y con el humor sutil".

Pero esto solo era una parte de la estrategia innovadora que convenció a Macri para contratar a Durán Barba y a Nieto, los ecuatorianos "chantas" (en Argentina se les dice a los mentirosos o habladores), como varias veces les dijeron, a que se queden en Buenos Aires para asesorarle en su gestión como alcalde.

"El márquetin no existe en campañas, la política es política. Lo nuestro es estrategia basada en sondeos, focus. Para explicarte mejor... Santiago (Nieto) nos trajo un sondeo. Buenos Aires es una ciudad de viejos, la mayoría de electores son mayores de 45 años y su mayor preocupación es que no pueden conseguir trabajo por su edad. Así delineamos una propaganda en Tv, a nuestro estilo", y deja rodar la propaganda: "Sigmund Freud teorizó el sicoanálisis a los 40 (años), Newton, a los 45 dio a luz la ley de gravedad, Edison, inventó la batería eléctrica a los 53, La madre Teresa recibió el premio Nobel de la Paz a los 69, Pasteur a los 63 derrotó a la rabia, esa rabia que te da cuando no conseguís trabajo por tener más de 45", y luego aparece en letras: Trabajo para todos, Mauricio y Gabriela, Pro (el nombre del partido). "¿Ves?, no hay gente aplaudiendo al candidato, ni podios, ni banderas, ni canciones del partido, y en este caso, no está ni el candidato. A esta propaganda le complementamos con avisos en clasificados de la prensa que decían: "Nosotros sí buscamos emprendedores mayores de 45 años", era un clasificado en la parte de empleos. Algo innovador".

¿No tiene temor a que le copien estas ideas?, atino a preguntarle como para soprenderle.
"No. Ninguna campaña se parece a otra. La mayoría de campañas gastan en publicidad costosa e innecesaria. Gastan miles en medios masivos, banners, gigantografías, camisetas. Le dedican 90% de la campaña a planear los ataques a rivales y muy poco a investigación.

Nostros, por reloj, hicimos lo contrario. Dedicamos ese 90% a escuchar a la gente sus necesidades. Los costos de investigación son mucho menores a pautar en Tv o medios formales. Las cifras son fundamentales para nosotros (IC) y a partir de eso delineamos estrategias, y claro, cero confrontación, o muy poca", y me cuenta un desenlace de esta campaña dirigida a los viejos bonaerenses.

"Recibimos un mail al correo de Macri, en el que un dueño de una imprenta, muy humilde, nos decía que a él le llego mucho el mensaje y que se veía reflejado porque él mismo tuvo que ponerse la imprenta porque no conseguía trabajo y el ver la propaganda le motivó para contratar a dos operarios mayores de 50 en su imprenta. Después de comprobar ese dato, se nos ocurrió algo. Le convocamos nuevamente a la prensa, les dijimos que nos reuniríamos con nuestros electores, pero no sabían la sorpresa que les teníamos. Salimos en un bus y recorrimos las calles. Macri y su equipo de candidatos bajaba del bus en lugares concurridos y repartía hojas de sus propuestas y caminaba entre la gente. Luego les dijo Macri a la prensa, señores, les invito a que me acompañen a visitar a unas personas muy importantes en nuestra campaña. Todos habrán pensado que va a presentar a empresarios que financian la campaña, o algo así, pero no, les llevamos a la imprenta, ni siquiera el dueño que nos escribió sabía que iríamos. Al llegar, el dueño nos recibió sorprendido y la prensa atenta de qué iba a pasar. Macri le pregunta, "¿es cierto que tú contrataste a personas mayores de 45 para que trabajen acá luego de ver nuestra propaganda?, Sí, venga señor Macri pase a conocerlos, y disculpe por el desorden", todo estaba como un lugar de trabajo, sin arreglar, y eso es la parte natural que queríamos mostrar. Macri entra a un lugar donde estaban los operarios y uno de ellos, de 70 años, se avalanza donde él: "Macri, eres tú, gracias por darme trabajo", le dice, y le abraza con fuerza. El hombre llora, Macri llora, la prensa se conmueve, y todo esto natural. Así fue cómo se dieron las cosas, nada estuvo planeado, solo bien investigado", me dice emocionado, como si a él también le dio ganas de llorar en ese momento.

Sin parar de moverse un instante, el estratega se sumerge en un librero para mostrarme unas revistas argentinas donde él es portada. "Fue muy chistoso esto del bache", se ríe como niño que cometió alguna "barbaridad" y me muestra la foto de Macri saltando de la calle a la vereda, justo en movimiento. Y yo, con el signo de interrogación en el rostro.

"Una vez convocamos a la prensa. Hubo un ataque previo de (Jorge)Telerman (alcalde en funciones que iba por la reelección) a nuestra candidatura. Así que les dijimos que contestaríamos a ese ataque. Llego toda la prensa pensando, creo yo, "Macri por fin va a atacar". Les convocamos a una calle común de un barrio muy popular de Buenos Aires. Macri saludó con todos: cámaras de Tv, micrófonos, fotos iban y venían, estaba toda la prensa política y no local, nos encargamos que toda llegue, y les dijo: "Amigos periodistas, Buenos Aires se ha caracterizado por ser una ciudad en la que tanto el visitante del interior (de provincia) como extranjeros y los bonairenses, disfruta caminar por sus calles, recorrerla, para conocerla de cerca. Ahora, lo que tenemos que hacer para pasear por nuestra ciudad es esto", y se dio la vuelta y saltó, evitando una zanja que estaba al pie de la vereda en toda la avenida.

"Eso es todo, dijo" y la prensa se quedó boquiabierta (Durán Barba sonríe con ganas). "Luego de eso me gané el ser "chanta" para la prensa argentina (y sigue riendo). La denuncia era esa, saltar un bache. Pasamos de nuevo por ahí luego de dos semanas, por si Telerman había arreglado el alcantarillado por el escándalo del bache, y seguía igual, ¿qué hicimos? volvimos a saltar el bache. La prensa titutló: Macri vuelve a saltar el bache", y reímos los dos.

"En otro ejemplo: las encuestas decían que íbamos a perder en las dos ocasiones. Nieto trabaja con varias empresas en lo suyo y yo era el que terminaba la investigación, las encuestas nuestras decían que ganábamos, pero nosotros estábamos convencidos de que el que tú ganes en las encuestas te hacen perder las elecciones, entonces escondimos nuestras encuestas" ¿Basados en qué creen esto?, le interrumpo "En experiencia de 30 años. Así que felizmente las encuestas (del oficialismo) decían: "Carrió lidera en la ciudad, Macri le sigue y Bielsa acorta distancias, nosotros sabíamos que eran las encuestas del gobierno y Macri decía: ¿refutamos eso? Y nosotros, no, no, está perfecto, divino… Les hicimos pelota a los otros candidatos al final".

¿Hay alguna fórmula para ganar elecciones?
La nuestra es sencilla. No discursos, no comunicación tradicional, comunicación moderna y muchísima investigación, no para manipularle al elector, sino para entender su mundo y desde su mundo hacer la campaña. Una vez un candidato (y piensa) no puedo decir su nombre, me dice que los jóvenes no le quieren y que por eso talvez no ganaría la campaña. Yo le digo, entonces, tendrás que ir a un concierto de rock. "¿Cómo crees? ¿Estás loco?. Quieres ganar el voto de jóvenes, entra en su mundo. Este candidato era muy conocido en su país, así que fuimos a un concierto de rock en otro país (y ríe)".

¿Y ganó la elección?
Hizo más propuestas para jóvenes...

¿Es decidor el financiamiento para la campaña?
"Está comprobado que no es el que gasta más el que gana. Ejemplo: (Álvaro) Noboa con (Rafael) Correa. En esta campaña, la de Macri a la alcaldía, el que tuvo un márquetin maravilloso fue Telerman, y salió tercero. Como ves, la nuestra publicitariamente es elemental y económicamente fue la más pobre de todas. Esto fue muy importante mostrar porque Macri era visto como el heredero, que tiene mucho dinero, dueño de media Argentina".

Y el estratega sigue moviéndose de lado a lado sin parar, y a pesr de esto relajado. Toma un cigarrillo, mientras un joven talento que trabaja para IC quien se unió a la conversación, le prende fuego...
"Hay otra anécdota interesante. Después que Macri ganó la primera vuelta el presidente (Néstor) Kirchner, quien hacía campaña por Filmus, el candidato de su partido ya que en Argentina esto es totalmente válido, perdió la cabeza en una cadena de televisión, y dijo: No se olviden que Mauricio es Macri, y se fue. Claro, era un ataque, queriendo decir a los electores que Mauricio es heredero de los Macri, conocidos como multimillonarios, privatizadores, etc. Nos reunimos enseguida, ¿qué hacemos?, se le ocurrió a Santiago, y dice: "Qué es lo que ha descubierto Kirchner que es tan espectacular contra nosotros, que Mauricio es Macri, cosa que todo el mundo sabe, digámosle sobre el descubrimiento que él ha hecho. Que no sabemos todavía si él se ha dado cuenta de que Kirchner es Néstor, si no se ha dado cuenta que esta es una elección municipal y no nacional, y que tú sí te has dado cuenta que en la segunda vuelta vas con Filmus que es Daniel, no Néstor, entonces riámonos del tema". Fuimos a la Tv a refutar. Macri con la sonrisa de oreja a oreja y comienza a explicar esto en vivo, y la gente comenzaba a matarse de la risa de esto, y en eso Gabriela (binomio de Macri) dice, un momento, ya nos hemos reído ahora quiero hacer una denuncia muy seria porque el presidente de la nación ha ordenado una invetigación a los servicios de inteligencia que afecta a mi persona, es malo que un presidente ataque a una mujer y yo quiero protestar sobre esto, que Kirchner ha ordenado una investigación específica sobre mí para perseguirme... parece que él va a descubrir que Gabriela es Michetti, y todos nos reímos con tantas ganas, desde los camarógrafos y presentadores lloraban de la risa.

Al otro día varios conductores de radio inciaban su programa: les saluda Julio que es Maldonado", y los tres, Durán, el joven talento de IC y yo, nos reímos de solo imaginar el cuadro, la anécdota. Intengo ponerme yo también más serio para continuar con el cuestionario, que hace rato ya se salió de los esquemas, para la suerte de todos.

¿Cómo viste la campaña hacia la presidencia, en la que ganó Cristina Fernández de Kirchner?
"Nosotros no participamos. Esa fue una campaña eminentemente tradicional, en la que la candidata Fernández estaba respaldada por la gran popularidad que tiene el presidente Kirchner y practicamente no hizo campaña. La presidenta Fernández no apareció nunca en los medios sino hasta el final, nunca dio una entrevista de prensa, nunca asistió a un programa de opinión. Lilita Carrió intentó hacer una campaña parecida a la de Macri, quisieron hacer cosas chistosas, pero no se trata de hacer cosas chistosas, se trata de dar mensajes políticos de forma original y eso no se dieron cuenta, entonces se dedicaron a hacer chistes y la política no es chiste, es algo serio, pero uno puede hablar de cosas serias siendo simpático o puede hablar de cosas serias haciendo dormir a la gente".

Volviendo a tu asesoría a Macri ¿Es esta la política del futuro? ¿Se puede hacer algo así acá?
En todas partes del mundo se puede hacer. Esta es la política del futuro de la hablamos, una política que tiene que ser con una creciente libertad al ser humano, con un creciente respeto a las diferencias, a los DDHH, a las diferencias regionales, raciales, religiosas, yo no profeso una religión, pero respeto a toda religión, todas son igualmente respetables. Y creo que vamos hacia eso, hacia un mundo plural, un mundo distinto, un mundo más hermoso. Yo creo que esta enorme crisis de valores es una agonía de los valores, en el sentido en que (Miguel de) Unamumo utilizó esta frase en su libro La agonía del cristianismo, es decir, los valores del siglo XX están muriendo porque están naciendo los valores sensacionales, nuevos distintos, mejores. Yo no creo que los jóvenes actuales osn unos degenerados que no saben respetar las normas de los viejos, yo creo que son gente que están liderando en la humanidad del futuro, y tengo una enorme fe en el futuro, yo estoy convencido de que todo tiempo pasado fue peor, nunca hubo un tiempo pasado mejor.

Su formación

Está cerca a cumplir 60 años. Jaime Durán Barba fue en su tiempo universitario presidente de la FEUE. Tiene cuatro títulos universitarios: doctorado en Derecho, maestría en Sociología, licenciatura en Filosofía Escolástica y doctorado en Historia. Formó la empresa de asesoramiento político Informe Confidencial, hace 30 años.

"Se trata de una de las personas intelectualmente más formadas de la política", según el diario argentino Perfil.(PR)

lunes, marzo 23, 2009

Call Center de la Policía

Como muchas otras entradas, esta puede estar más orientada para el país que la ciudad. O inclusive a una provincia. Pero justo en la Ciudad de Buenos Aires se complica, ya que la Policía es directamente Federal.

Hechos:
- Escucho que todo político se muestra preocupado con el tema de la seguridad, y como no se quieren dar ni respuestas derechistas, ni izquierdistas, sólo se menciona que quieren equipar mejor a la policía y que tengan sueldos justos.
- Las comisarías invierten buena parte de su tiempo en "papelería". Preferiríamos que lo utilicen para cuidarnos.
- La gente deja de denunciar muchos robos, a menos que estén obligados a hacerlo (para hacer uso de un seguro, como en el caso de algunos celulares), por lo que las estadísticas no son confiables.

Yo pensé en una idea que quizá esté muy errada, pero sólo con brainstorming siento que se puede buscar un enfoque original (y radical) para avanzar en este tema.

1) se abre un call center, que tome todas las denuncias por vía telefónica.
2) se ofrece, además, un número gratuito para hacer tu denuncia.
3) Ese call center, depende directamente del jefe de la policía (o sea, es interno, para evitar la resistencia interna, pero es independiente del resto del cuerpo), con línea directa al ministro del interior.
4) Se maneja un software amigable donde se tipifican las denuncias.
5) Cada denuncia se hace llegar a la comisaría correspondiente vía email, fax...
6) Si hace falta que el particular firme su denuncia, va a la comisaría sólo por su firma.
7) Para los denunciantes que se acercan a la comisaría, si liberan un par de teléfonos para que hagan su denuncia en forma telefónica, igual que si lo hicieran desde su casa.

Para qué sirve todo esto?
1) Las comisarías se liberan de una parte importante de la tramitología. Ese tiempo lo pueden emplear para estar más en la calle
2) Se puede centralizar la información del crimen (¿cuántas muertes hay en cada código postal del país?¿ y violencia familiar?)
3) La información que se tiene es "en línea", lo que le permite al jefe de la policía tener un mapa del crimen actualizado constantemente.
4) El call center puede dar seguimiento a cada denuncia (¿cuántas causas abiertas tiene cada comisaría? ¿Cuántas ya cerradas satisfactoriamente? ¿Cuál tiene más denuncias acerca de temas peligrosos (previamente tipificados)?
5) Las estadísticas generadas se pueden mezclar con otras estadísticas con las que cuenta el país para sacar conclusiones (tal vez una zona de la ciudad sin luz eléctrica pública tiene más crímenes que una con luz, o entender cuánto influye el nivel socio económico de una zona con su tasa de delincuencia, o si el crimen está relacionado a la distancia que hay hasta la comisaría más cercana, o si la cantidad de habitantes por policía tiene relación con el crimen)

Se puede partir de la más básico (que se anunció más arriba) y avanzar cada vez más. Por ejemplo, el call center podría ser una excelente forma de acumulación de información complementaria al cuerpo: ¿cuántos policías hay en cada comisaría? ¿Altas? ¿Bajas? ¿Cuántos patrulleros? ¿Cuántas cuentan con Internet/computadoras... cuáles son los celulares (aunque sean personales) de cada agente?

Me parece un proyecto ejecutable en un año. Se trata de montar la infraestructura del call center, tener una buena consultora que evalúe todo el proceso de la denuncia (y su seguimiento) y otra que desarrolle el software. A su vez, capacitar durante al menos un par de meses a los agentes de call center acerca de leyes, procesos penales, psicología, detección de mentiras por detalles de la voz, etc.

Si al menos se implementase en el Gran Buenos Aires, se podría ver un avance importante en poco tiempo. Imagino a cada comisario pudiendo ingresar al sistema para ver las nuevas denuncias en su comisaría, que las pueda comparar con las vecinas, ver cuántas denuncias están en progreso de resolución, fechas límites para cada caso (declaraciones, etc.). Quizá incluso que tengan cierto nivel de acceso para poder entender delitos comunes pero de diferentes comisarías... en fin, como dije, soy un externo. No tengo ni idea de que información ya genera la policía hoy día, ni cuánto cuesta generarla. No sé si habría que cambiar leyes para poder generar un cambio tan importante en el sistema. No sé ni siquiera si un jefe de policía provincial depende de la Policía Federal o de su gobernador. Más allá de eso, como dije, creo que en estos casos me favorece para evitar barreras que, con un poco de ingenio, no son tales.

sábado, julio 19, 2008

Copa perfecta para nuestro Malbec


Me imagino que ya existe algo de esto, y quizá es una mejor idea para Mendoza que para Buenos Aires... pero mejor explico primero la idea y después la critico.

Los vinos franceses se beben en copas diferentes para maximizar sus propiedades. Leí que Riedl en 1998 visitó Argentina para justamente buscar su mejor copa (al menos por aproximación) para degustar nuestros Malbec.

Si se pudiera organizar un evento (convocando a los mejores catadores del mundo junto con los productores de copas) e imponer un standard, creo que el Malbec cobraría aún más prestigio que hasta ahora.

Como se sabe, en los buenos restaurantes tienen copas para cada tipo de vino. Los buenos restaurantes del mundo que ofrecen Malbec agregarían estas copas.

Creo que, más allá de maximizar las propiedades, también habría que encontrar un diseño original, que se distinguiera a primera vista del resto, que se destacara también por ser elegante.

lunes, mayo 26, 2008

Reflexiones

Para que algo cambie, el Estado debe cambiar.

La base de la enseñanza es llegar a conclusiones propias.

viernes, diciembre 28, 2007

Futurología, por Luciano Tourn


Y las claves son... planificar, planificar, planifcar...
Esta no es una idea puntual acerca de cómo mejorar la Ciudad. Lo que intento en este post es describir una carácterística que políticos y técnicos debieran tener para que mejore nuestra ciudad. La idea la tomé del Blog de un estudiante, Luciano Tourn. Me tomé la libertad de corregirle varios errores de ortografía y gramática (¡no todos!). El blog es muy recomendable: http://argentomit.blogspot.com/


Monday, July 16, 2007

Futurología?
Imaginate que viene el CEO de la empresa para la que trabajás y te pregunta como marcha la solución del problema grave que te encargó resolver y del cual tu área es responsable, y vos le contestás: 'Ahhhhhh nooo, nosotros no hacemos futurología!'. A nadie se le ocurre semejante respuesta, y si fueras tan irresponsable como para darla, te quedarían los segundos contados en tu puesto. Pero el impresentable Julio De Vido dijo exactamente esto hoy sobre la crisis energetica. Para De Vido, no existe tal cosa como la previción, la planificación, las herramientas de gestión de proyectos, la evaluación de escenarios, nada. En su universo de gestión, el futuro le corresponde a la futurología. Faltas de profesionalismo como éstas no las tolera nadie en la esfera privada. Pero si sos ministro, podés responder así y al mismo tiempo mirar con cara de '¿cómo me vas a preguntar esta pavada?'.


Aclaración: no pienso que De Vido sea impresentable. Creo que el problema es mucho más complejo. Mi punto es que, en Política, hemos olvidado lo que significa planificar a 5 años... de tal forma que hasta comentarios tan torpes ya no son cuestionados (salvo por la única voz crítica que leí en su momento y publico).

Macri... y los No Políticos



Macri es el nuevo Intendente... y si yo fuera de su equipo, le alcanzaría el artículo que escribió hoy Jorge Fernández Díaz, en La Nación.

El día que me sume a la política en una forma mucho más activa, espero releer estas líneas, las siento como "los consejos que querrías recibir de un padrino político para un recién iniciado".




Por Jorge Fernández Díaz
LANACION.com Opinión Jueves 27 de diciembre de 2007



Un gerente piensa que el arte y la política pueden gerenciarse. Así como un editor piensa que hasta cierto punto la vida puede editarse como un diario o un noticiero de televisión. Un viejo editor me dijo alguna vez: “El matrimonio es una larga crisis que se administra. Por más que estemos en el peor momento, un beso antes de dormirse, un beso al despertar y un ramo de flores los domingos. Si usted sabe editar la realidad, puede también editar su matrimonio”. Se refería a la posibilidad de manejar los tiempos y las cosas, desechando lo inconveniente y resaltando lo necesario. Ojalá fuera cierto, pero la verdad es que nadie puede editar la vida, y que es infinitamente difícil gerenciar una pasión. Se la puede administrar, no voy a negarlo. Se pueden hacer negocios editoriales y pictóricos, pero esas operaciones del mercado nada tienen que ver con gerenciar el arte, que está hecho de la materia de los sueños y que es, por lo tanto, ingobernable. No digo que la política sea asimilable a la literatura o a la pintura, pero les aseguro que también es un arte mayor y que su praxis necesita una vocación tan profunda y absorbente como la que se autoimpone cualquier artista verdadero. En veinticinco años de periodismo no he conocido a un solo dirigente de primer nivel que no fuera un animal político. Un hombre sin tiempos libres, un enfermo de la materia que domina. Como esos cracks futbolísticos que al evocar su infancia solamente se recuerdan jugando a la pelota, día y noche, con una de cuero, con un bollo de papel o con una chapita, obsesionados gozosamente por desarrollar su vocación profunda. O como esos adolescentes que, abstraídos, se olvidaban de comer, de estudiar y hasta de dormir tocando como posesos la guitarra o el piano, o dibujando o escribiendo en cuadernos o en reveses de facturas contables. Las vocaciones volcánicas borran al hombre del mundo, ponen en suspenso a sus familias y a las necesidades mundanas, y, como todo acto de amor torrencial, son un acto de obsesión. Nadie llega a la primera fila de las butacas sin ese fuego sagrado. Comparar la política real con la política corporativa de las empresas es, por lo tanto, un malentendido amargo. La política, por más gurúes y politicólogos que valgan, resiste las reglas del management ortodoxo y de la ciencia pura. En el mundo de los negocios, uno más uno es dos. En política, como todo el mundo sabe, no necesariamente dos más dos son cuatro. Toda esta introducción viene a cuento de un hecho indiscutible: la actual oposición tiene entre sus filas a muchos hombres de empresa. Muchachos por lo general bienintencionados que se han pasado, no hace mucho, a la política creyendo que ésta sólo necesita buenos gestores. Los no políticos son hombres de ideología pasteurizada, que igualmente merodean las posiciones de “centro” y el libre mercado, y que han comenzado a meterse en el barro de la historia. A unos, los resultados electorales de octubre los dejaron nocaut. A otros, los pusieron muy nerviosos: deben realizar ahora lo que prometieron en la campaña. Sólo a Elisa Carrió, para la cual hubiera sido una tragedia ganar y tener que hacerse cargo del barco, abandonando los cómodos camarotes de la indignación, este período de cristinismo se le presenta plácido y apetitoso. Los demás, incluso los nuevos referentes de ARI, tienen en la boca el regusto agrio de la decepción y del miedo. No lo dirán nunca en público, pero así están los opositores políticos en la Argentina de hoy. Se sienten, en el fondo de sus corazones, injustamente derrotados por “políticos mediocres” y “burócratas clientelísticos”. Ellos, los príncipes de la nueva política, eficientes y limpios, pasaron por la universidad y conocen el mundo: son muy viajados. “¿Cómo puede ser que nos derroten estos políticos de cabotaje, estos impresentables de siempre?”, se preguntan. Algunos de estos gerentes de la nueva política duermen con la valija cerrada al lado de la cama. Están siempre listos para volver al sector privado rumiando una queja: “Soy demasiado bueno y honesto para la política”. Olvidan que los verdaderos militantes políticos no tienen dónde volver, porque pertenecen, en cuerpo y alma, a la lucha política. Porque no podrían hacer otra cosa, porque nacieron para eso, porque quemaron las naves. Un gerente es demasiado cerebral y tiene demasiado “sentido común” para quemarlas. Un militante se mide no por cómo reacciona ante una victoria, sino por cómo se recupera de las derrotas. ¿Se recuperarán estos muchachos o tomarán la valija y volverán, sanos y salvos, a casita? Necesitan un examen profundo para entender lo que les ocurre. Son amateurs jugando a ser profesionales. No dominan del todo la materia y, en el fondo, la desprecian un poco. Toda la nueva oposición está llena de estos personajes tiernitos y bienintencionados: aves de paso queriendo comerse crudas a las fieras. No se le puede enseñar política a un negado, así como no se le puede enseñar música a quien no tiene oído. Entender la política, entenderla de verdad, es un don: se tiene o no se tiene. Es un saber que no se adquiere en los libros ni en los claustros. Se adquiere en la calle y con las entrañas. Pero el ser humano desarrolla las habilidades que necesita, de manera que no todo está perdido. La nueva oposición está llena de sordos y zoquetes. Hay muy pocos afinados y casi ningún oído absoluto. Pero tiempo al tiempo. Luego, por supuesto, está todo ese asunto de los personalismos. En la Argentina, todo gira en torno de tres o cuatro dirigentes que lucen bien en los programas del cable, que suelen ser bastante autoritarios dentro de sus propios partidos y que no saben adónde van. Quiero decir, parecen poseer grandes convicciones y son buenos “tribuneros” (no deberían quejarse tanto del atril, porque ellos lo llevan incorporado), pero carecen de paciencia y flexibilidad para armar partidos políticos consistentes, con alas izquierdas y derechas, con democracia interna y participación. Descaradamente personalistas, un día tienen tres millones de votos y otro día no tienen nada. Poseen una extraña alergia, que les contagiaron los encuestadores y la “opinión pública” más ramplona de los contestadores automáticos de las radios, que consiste en creer que toda alianza es la Alianza, o sea, un rejunte invertebrado e incoherente que fracasa gobernando. Y también que todo pacto político es el Pacto de Olivos, es decir, un contubernio para repartir favores. Pero hagamos nombres propios: si Carrió y Ricardo López Murphy hubieran entendido de verdad la política, habrían recreado el espacio histórico electoral de la Unión Cívica Radical. Pero como no la entienden, terminaron en esta nada insípida, inodora e incolora, oposición para la gilada televisiva, que no puede juntar porotos y que no logrará ponerle freno a la hegemonía. La Alianza era una bolsa de voluntades dispersas y el Pacto de Olivos era un contubernio, pero el peronismo es una bolsa del mismo estilo, aunque verticalista cuando se juega en serio, y el Pacto de la Moncloa era, al fin y al cabo, un acuerdo político, aunque con buena prensa. Algo tiene para enseñarle el oficialismo a la oposición. Para empezar, su voluntad de poder. El peronismo no tiene un puñadito de dirigentes destacados: tiene cien candidatos potables en las gateras, con ganas de comerse la cancha. No es dogmático y principista: acoge en su seno a hombres ubicados en las antípodas ideológicas, aunque dispuestos, por las buenas o por las malas, a aguardar su turno y a trabajar coordinadamente cuando la tormenta arrecia y cuando el que manda tiene claro el horizonte y buena sintonía con la mayoría electoral. Casi nadie, por cuestiones del pasado, queda fuera del colectivo, y nadie se rasga las vestiduras por hacerse amigo de un enemigo de antes, o por codearse con un dirigente que piensa el país desde la otra orilla. El radicalismo posmoderno tuvo estómago delicado, y así lo pagó. No pudo tolerar las diferencias internas y expulsó de sus filas a los opuestos, que a su vez se transformaron en estómagos delicados incapaces de digerir las mínimas discrepancias. Y así hasta el infinito. Es decir, hasta la atomización y la anécdota. Como la izquierda argentina, una diáspora interminable y minoritaria con dirigentes inflexibles que se pelean por palabras vacías. Sin dominar la materia, sin vocación ni visión política, sin sentido común, sin pragmatismo y sin humildad, sin capacidad para acordar lo mínimo ni para construir una idea, la oposición se juega en una comuna, es decir, en una baldosa. Hasta Néstor Kirchner está decepcionado de la oposición. Admite, a regañadientes, que ninguna democracia exitosa económica e institucionalmente prospera con partido único y sin alternancias ni bipartidismo. Sabe que, si no evoluciona por afuera, una oposición de centroderecha surgirá tarde o temprano del propio peronismo y que sobrevendrán como siempre la crueldad, el destripamiento, la lucha sin cuartel y la amnistía y, al final, la cohesión. La guerra peronista hace temblar a los peronistas que detentan el poder, porque saben que del otro lado no hay muchachos testimoniales con la valija armada al lado de la cama, sino políticos con hambre que quieren cambiar la historia. Sólo se cambia la historia con ese apetito insaciable, con esa pasión que un frío gerente no puede gerenciar. Tal vez ni siquiera pueda comprender. La nueva política no puede madurar en manos de los no políticos.


Para quién quiera saber más del autor... acá una mini biografía:

sábado, agosto 25, 2007

Declarar compra/venta

Esta idea la saqué leyendo una nota de congresistas en Alaska que compraron propiedades sin declararlas.

La idea es simple: si sos funcionario público de la Ciudad de Buenos Aires, cada vez que compres o vendas un inmueble, tenés que declararlo. El alcance podría ser incluso mayor, superado un monto de egreso o ingreso, aunque fuera para hacer un viaje. Hoy en día podría ser de $10,000 o $15,000. Con eso se incluirían las compra de autos, ingresos por "asesorías", lobby...

No estoy seguro de la forma de instrumentarlo, pero acá va una idea. Que cada funcionario tuviera su perfil dado de alta en una sección de transparencia de la página web de la Ciudad de Buenos Aires, donde pudiera acceder y registrar sus movimientos.

Las multas yo las haría proporcional al monto no declarado. Por ejemplo: del 30%.

Y facilitaría un sistema de reportes para que periodistas, ciudadanos, etc. pudieran visualizar los nuevos movimientos sin tener que revisar funcionario por funcionario.

Como siempre, hecha la ley, hecha la trampa. Me imagino que más de un funcionario daría de alta una sociedad anónima desde la cual manejaría sus operaciones declarables.... entonces lo más simple sería que tenga que declarar de qué empresas es accionista (al menos en un 5%).

Todas estas medidas deberían aplicar para el funcionario y su pareja.

Más información:
http://www.pgr.gob.hn/ley%20contra%20el%20enriquecimiento%20ilicito.pdf (ley mexicana)
http://alegislativo.bcn.cl/alegislativo/pdf/cat/lext/2394-07/367.pdf (decreto argentino 2004)